Estaba sola y asustada. Hoy mi hija es mi razón de vivir.
Cuando descubrí que estaba embarazada, lo primero que sentí fue miedo. Mis amigas me decían que no arruinara mi vida. Hasta que una voz distinta me escuchó sin juzgar.
Tenía 19 años cuando hice el test. Lo recuerdo como si fuera ayer: dos líneas rojas y todo el mundo girando demasiado rápido. Estaba estudiando, vivía con una amiga, y mi novio había desaparecido del mapa hacía semanas.
Mis primeras llamadas fueron a las personas equivocadas. "No te compliques", me decían. "Ahora se puede, es rápido." Por un momento les creí. El miedo te empuja a soluciones que después no podés deshacer.
Una compañera de la facultad me habló de IAM. No prometieron nada milagroso. Solo me ofrecieron una tarde para charlar. Esa tarde se convirtió en un acompañamiento de meses: una psicóloga, una abogada, una familia que me hospedó cuando mis padres me echaron.
Sofía nació en abril. Hoy tiene 3 años y le encanta cantar. Cada vez que la escucho dormirse pienso en aquella tarde y agradezco que alguien me haya escuchado sin juzgar. No me dijeron qué hacer. Me ayudaron a descubrir que yo podía.
Si hoy estás leyendo esto y tenés miedo: no estás sola. Hay puertas que se abren cuando creés que todas están cerradas. La mía se llamó IAM.
¿Necesitás acompañamiento como María?
Estamos para escucharte sin juzgar. Tu historia importa.
Hablar con IAM